los pájaros han vuelto a mi ventana
oscuros libres ajenos
queman el aire cantan
pero no anidan
cruzan el desierto de mi nombre
beben de mi sed
los pájaros tardíos
mi casa es un enjambre de alas que se fueron
(Ecuatoriana)
Blog de Bolívar Delgado Arce. Dr. en Leyes, Directivo y Editor periodístico, Poeta y Escritor; Dirigente con alma revolucionaria. Escritor favorito: Pablo Neruda; Ama la música clásica, la pintura, los viajes. Co fundador de la Sociedad Literaria y Cultural "Letra Nueva", de Azogues; Miembro de: Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo Ecuador (Cuenca); Asociación Latinoamericana de Poetas ASOLAPO (Lima-Perú). Instagram: poemas_ventana_de_instantes
los pájaros han vuelto a mi ventana
oscuros libres ajenos
queman el aire cantan
pero no anidan
cruzan el desierto de mi nombre
beben de mi sed
los pájaros tardíos
mi casa es un enjambre de alas que se fueron
Volver a mirar
atrás, al recuerdo,
desperdigadas,
desperdiciadas
abandonadas horas
días, estaciones.
Volver a buscar
palabras
y gestos, y hechos
perdidos al momento,
inconveniente,
irrelevante
innecesario, cuando
ya las horas no
alcanzan.
El corazón no se reanima
las lágrimas tienen
ya
su propio cauce irreversible,
no se puede retomar
lo ido,
irrenunciablemente
merecemos el olvido.
Bolívar Delgado Arce
Piensa en el fascismo
Niño
¿No sabes lo que es eso?
Déjame intentar algo:
Piensa en el abusón de tu colegio
(a menos que hayas sido tú,
un frío incómodo
recorrerá tu espalda)
intenta comprender
ahora
los motivos del abusón
de tu colegio
(...
...
...)
exacto
tampoco son cognoscibles
siete
quince
veinte y dos
años después
ahora
piensa lo siguiente:
el abusón de tu colegio
no ha cambiado
y ahora
es tu presidente
Inspiración, de dónde vienes
inspiración,
quién eres tú?
Eres carne,
eres hueso
eres flor, o
gota de agua….?
Inspiración tú
me inspiras,
no me importa,
inspírame,
aunque, presumo
que tienes
un nombre de
mujer.
Bolívar Delgado Arce
Con mi abrazo gigante, caluroso y lleno de los mejores augurios de bienestar y felicidad, para todas y todos mis caros amigos del mundo entero, en este Nuevo Año, el 2026, y que generosamente siguen este Blog. BENDICIONES.
Se cierne la noche y el alma se oprime
sollozan las horas, gime el firmamento,
la última hora del año se acerca, exánime
en marcha impasible, rompe el sentimiento.
El tic tac del reloj con su paso errante
lacerando el alma, cual viejo bajel
marcha, presuroso a ser el pasado, y así
vacilante,
de cara al futuro, misterioso, quizá
cruel…
Oh, noche de noches, de siglos, dintel de
la vida
colmena de sueños, de luces ficticias y
oscuro perfil
recuenta el pasado que ya no se olvida
y atentos al nuevo comienzo, confuso,
febril
augurio es de albura, promesas de vida
abrazos y llanto, en fulgor gentil.
Bolívar Delgado Arce
Siempre fuiste inefable
como el ocaso,
insondable como el mar
diáfana como pelo al
viento,
lejana, inexplicable
y mágica
como el horizonte.
Bolívar
Delgado Arce
En tus ojos que tanto han viajado
y visto,
se guardan semillas de lontananza
de flor de loto
flor de liz
flor de gardenias,
flor de azalea
de jacintos
tulipanes
de amapola
flores de abedul.
En tus ojos que me han visto
y me he visto,
sin hablar,
supe las letras de tu nombre;
de tu nombre en flor,
que anhelo, con los míos
polinizar.
Bolívar Delgado Arce
Lento y brillante movimiento de aguas doradas
paz y calma, soledad iluminada
entre claroscuros ramajes y montañas
recortadas en el áureo disco lunar.
Brisa tenue envolviendo la estancia,
abre un haz de recuerdos, sentimientos,
lejanías
infinita ventana del alma al cosmos
donde crujen arpegios que pueden oírse,
y verse sin oído y con los ojos cerrados.
Un claro de luna,
calma y sosiego ascendentes
con el disco brillante a la oscura esfera,
esparcen hileras de luz que se recuestan
en las orillas del lago y contornos
meciendo en su vaivén penumbras
de árboles nocturnos y memorias.
Áurea esfera de luz fría y ensueños
crece entre brisas sostenidas en notas
de melodías tibias, almas contemplativas,
en suaves armonías, cuadros ignotos
y sentires ciertos de clarores de cósmica luz
que trazan huellas en los retablos del alma
de nubes doradas, quedas y eternas…
Bolívar Delgado Arce
Bolívar Delgado Arce
Desde un rincón de mi ventana oigo cada aurora
los nítidos anuncios de mirlos y torcazas
que se adelantan en descubrir el añil del horizonte,
y el sacudir, los cerros, su blanca
cabellera
entre trazos y haces de colores inusitados;
pero tú no las ves conmigo,
como igual, a los cerros vestidos del
poniente.
Desde un rincón de mi ventana
veo todas las tardes las luces de occidente,
ojalá las vieras conmigo;
hileras de gaviotas oscuras emigran
sobre las jarcias de quietas embarcaciones,
ojalá estuvieses a mi lado.
y otras tempranamente somnolientas;
querría mostrarte la espuma arribando
a los puertos que esperan en silencio
pero tú no estás a mi lado, y te llamo
y te envío nuevos mensajes en la cresta,
en las crestas de las olas crepitantes
y ciegas de la noche salobre
que parten desordenadas
pero cantando viejas canciones marineras,
y te llevan mis mensajes solitarios y
anhelantes
que no te entregarán, que no recibirás,
porque ellos, como yo, tampoco saben
dónde estás, e igual, no sabes
desde dónde miro todas las tardes
partir bandadas de aves en hileras
y los mástiles de los barcos perderse
en el siempre ensangrentado horizonte
que vela y envuelve también
a los -como yo- abandonados puertos.
Bolívar
Delgado Arce
Me vi con mi cabeza reposando
en tu seno
tus brazos me sostenían en la vertiente;
disfrutaba de fuentes claras
y mansos estanques
con peces de colores ante mis ojos
y en mis manos;
frente a los dos se levantaban
únicas y majestuosas, en pares,
seis torres Petrona.
Desde allí veía tus labios
cual hojas rojas recostadas
y magníficas,
el fino perfil de tu nariz,
tus ojos ensoñadores, brillantes
de profundo albor;
y tu pelo recogido cual gavillas
de violetas en flor.
Tú no lo habrías sabido
si yo no te lo contaba,
ni yo tampoco,
ni entendido,
si no lo hubiese soñado.
Bolívar Delgado Arce
Todo es etéreo en ella:
ella misma.
El pelo es
de pronto
trigal,
los ojos
pedazos de
mar,
brisa de
la tarde
la
respiración;
su risa
preludio
sinfónico,
su voz
sublime
canción.
Bolívar Delgado Arce
Truena el cielo
y
se escucha a lo lejos,
rayos
y centellas rompen el paño
de
la nubosidad pesada y oscura
que
abruma al horizonte
a
los azulados cerros que tiritan;
y
raudos los vientos se arremolinan
en
tempestad lejana
y
llegan a la estancia
en
abanicos de hojas y polvo,
y
torbellinos
que
estremecen árboles y farolas
como
a las aves oscuras
que
buscan alborotadas la senda
con
alas y quillas resistiendo,
como
el follaje
sacudido
y despeinado
que
se deshoja y quiebra
ante
los tétricos golpes
de
tambores lejanos
y
de las primeras gruesas gotas
que
se estrellan y destrozan
y
acarrean sombras, frío
chasquidos
y estampidas
que
pronto se vuelven
cortinas
pesadas de tormenta,
charcos
y arroyos desordenados
arrastran
cuanto encuentran,
empapan
los caminos
la ciudad
vacía
e inundan
en breve
los surcos
campesinos y jardines;
en tanto
estremecen cielo y tierra
renovadas
dianas de fogueo
de las
nubes nimbadas
de sombras
vespertinas
y de horas
cargadas de añoranzas
soledad,
letargo
y frío.
Bolívar
Delgado Arce
Los óleos siguen olvidados en algún cajón cerca de la cama,
me da pena mirarlos, ¿qué dirán de mí?
que vergüenza que se enteren que me rendí...
ESCALINATA DE SAN FRANCISCO
De
subida
la
pétrea escalinata
-pese
a que no lleva al cielo-
he
visto,
es
fuente de emociones
alegría,
fe, paciencia
y esperanza;
superado
con su pesadumbre
el
creyente
el
más alto escalón
tras
el doscientos,
convierte
en bálsamo
el
monólogo repetido
las
imprecaciones,
las
lágrimas y sollozos
hasta
el cansancio…
Y
en silencio, como vino,
a
desandar la vía
aligerada
la carga
desbordando
penitencias,
conformidad,
expectativa,
resignación
y levedad
en
los ojos -reflejo del alma-.
La
pétrea escalera que trae y lleva
cánticos,
preces, cirios,
y
flores
es
umbral de paz
esperanza
y gloria
-pese
a que no viene del cielo-.
Dr. Bolívar Delgado Arce
Ann teme que seamos nada más
que proyecciones de una mente sádica
hologramas que cocinan y lloran
y hacen el amor junto a los cementerios.
lo dice con tanta convicción
en su mirada iridiscente, que yo
perro de amor le creo
pero soy además pesimista
y estoy seguro de que somos hologramas
olvidados a nuestra suerte
después de todo
¿hay algo peor que la derrota?
sí
que no te enteres.
David Barzallo Guaraca