Si tuviste la dicha tan inmensa
de hallar de nuevo al que forjó tus días,
adóralo, compréndelo, y piensa
que, de no ser por él, no existirías.
de hallar de nuevo al que forjó tus días,
adóralo, compréndelo, y piensa
que, de no ser por él, no existirías.
Escucha sus consejos: son sagrados;
debes de conservarlos en tu mente;
y que nunca se vean empañados
sus ojos por tu culpa; sé obediente...
Coloca, como notas melodiosas,
tus besos en la pauta de su frente;
y adorna con las flores más hermosas
su efigie, cerca de ti o ausente.
Que sus trémulas manos te bendigan
si sabes respetar su gran cariño,
pues ni sueño sintiera, ni fatiga,
mirándote dormir cuando eras niño.
Tal vez sufrió en silencio su pobreza
y amantes besos prodigote, en brazos;
tornose en alegría su tristeza
al ver con emoción tus primos pasos.
Que su alma nunca el dolor taladre;
dale todo tu amor filial, profundo;
debes esto saber: !quien tiene aún padre,
tiene algo sublime aquí en el mundo!...
José Rubén Guillén
(Probablemente mexicano)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Valoraré en sumo grado su inteligente como generosa referencia a este blog.